domingo, 16 de enero de 2011

Identidad



No soy mi nombre ni mi apariencia.
No soy la opinión de los otros.
No soy las letras con las que me describo.
No soy causa ni consecuencia.
No soy mi apellido.
No me reconozco en la figura que devuelven los espejos.
No estoy hecha a imagen y semejanza del dios en el que creo.
No soy el caos en el que prospero, ni soy un número de documento.
No soy mi ADN, ni mis fotos, ni mis caprichos.
No soy mis cosas, ni lo que consigo.
No soy cuerpo, ni alma.
Soy lo que escribo.

sábado, 15 de enero de 2011

Soledad.



Ausencia de los otros.
Sola de amigos y familia.
Sola de héroes y fantasmas.
Sola de muertos.
Sola de Dios.

sábado, 8 de enero de 2011

Costumbre


Quiero irrumpir en vos
con la eficacia del arte
serle tan común a tu carne
como el miedo o la sangre.
Quiero eclipsar tu sol
ser tu estrella más radiante
colonizar tu galaxia,
aturdirte, reinventarte.

Quiero bañarme en vos,
saciar mi sed con el agua de tu luna,
ser tu hambre, tu avidez
tu acervo, tu fortuna.
Quiero morir en tu voz,
eternizar mi calma en el arrullo de tu risa.
Quiero caer en vos,
ser un ritual
como las siestas, como la misa.
Quiero repetirme en vos,
como Gardel o el mejor tango,
intervenirte, que me releas
que me analices,
como a los cuadros.
Quiero partirte en dos,
conmoverte hasta los huesos,
ser una frase, una canción,
una estética, un silencio.

Quiero creer en vos,
que seas mi Cristo, mi bendición,
mi credo.
Yo quiero quedarme en vos
como el más sublime pensamiento,
como las buenas poesías,
como los libros del ciego.
Permanecer en vos
en todos tus movimientos,
ser una buena costumbre ,
un hábito, un reflejo.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Mamá.


Feliz cumpleaños, ma!!

Porque me bastan tus manos para sanar cualquier cosa. Porque tu presencia mitiga mi angustia, tu sonrisa hace renacer mi alegría, tu calma trae serenidad, tu vigilia relaja mi descanso. Porque sos mi sostén, mi bálsamo y mi fuente. Porque no puedo imaginar la vida sin vos. Porque sos la certeza de que soy una mujer afortunada. Y sobre todo, te quiero por el alcance y la infinidad de ese amor incondicional que te desborda, te deshumaniza y te agiganta, volviéndote un ser casi celestial.

Brindemos hoy para venerar tu sonrisa. Para honrar la juventud que rebosa en tu mirada. Para afianzar esta complicidad que nos une. Brindemos por eso, que yo elijo llamar destino , que hizo que fueras vos el ángel de mi guarda, los brazos que me acunaron, la voz que me dio arrullo, la luz que se enciende cuando todo se apaga. Porque no perdés tu eje cuando yo pierdo el mío. Porque sos mi centro y mi Verdad. Brindemos por un año más que nos regala la vida, no solo a vos, si no a todos los que necesitamos de tu presencia. Porque vivo y, a veces, sobrevivo gracias a vos. Sos la persona a la que admiro, respeto, adoro y venero por sobre todo. Sos el motivo. La respuesta clara y concisa a mis preguntas y cavilaciones.

Brindemos por este pacto de amor que nos une que ya poco tiene que ver con ese lazo maternal porque hoy es mucho más. Brindemos por tu sonrisa que ilumina. Por tu palabra certera. Por los silencios justos. Por este mar de amor que te desborda. Por tanta capacidad de entrega. Por tus milagros y tu belleza.

Brindemos por tu bendita existencia.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Animal Superior

Un cuarto pintado de rosa. Salvajemente desordenado. Una alfombra rosa viejo con pesadas huellas masculinas. Libros de cuentos tirados en el piso, páginas rotas, princesas desdibujadas. Las hadas parecen haberse ido. Una muñeca vieja, rota, abandonada en un rincón, queriendo pedir auxilio, sufriendo su inmovilidad. Una silla volcada. En el escritorio, las páginas mudas de un diario íntimo perfumado. Una radio que, ajena al dolor, reproduce el tema del momento. En la pared un espejo que quiere olvidar el recuerdo de las últimas imágenes. Vaya a saber con qué esfuerzo el galán norteamericano de la foto mantiene esa sonrisa frívola. La cama deshecha. Los pétalos de una rosa deshojada se confunden con las gotas de sangre que traspasan el colchón. Jirones de ropa, mechones de pelo, retazos de piel.

Mañana un colegio dudará en abrir sus puertas. Dos padres no tendrán consuelo. Los diarios ya tienen tapa.
Mañana las personas oirán la noticia mientras comen y esperan que empiece la novela. El más sensible o tal vez el más osado hará un comentario profundo, una opinión, una sentencia. Hasta ahí llegará el compromiso.

Un abogado y un fiscal juntarán pruebas, testigos, declaraciones. Con el tiempo un juez dará un veredicto. ¿Culpable? ¡Cómo si acaso importara!

La muñeca no puede arreglarse. Las hadas no vuelven a las páginas del cuento. La rosa no puede volver a ser pimpollo. El dolor, el olor, el desgarro quedaron en la piel, en los ojos, en la voz. No se limpia. No hay reparo.

Hoy un alumno me preguntó si el hombre es el ser más inteligente del planeta. Yo estaba distraída. Le dije que sí. Estoy arrepentida.

jueves, 7 de octubre de 2010

De todas mis cosas


De todas mis debilidades, la que más respeto es la que me lleva a caer en las líneas de tu boca. La que me obliga a perder mi libre albedrío para someterme a los pedidos de tu voz. De todas mis insolencias, la que más me gusta es la que me permite faltarte el respeto, para hacer de tu cuerpo el vehículo a mi locura. La que me deja decirte lo que quiero, cuando quiero sin cuidar el lenguaje y la armonía. De mis desvergüenzas prefiero aquella que me permitió plantar mi aliento en las palmas de tus manos y colgar entre tus dedos la responsabilidad de una respuesta. De mis muchos despistes, elijo el que permite que me olvide tus ofensas, y acepte reconciliaciones y todos esos besos que vienen, después, en cadena.
De mis ingenuidades, que no me falte nunca aquella que me lleva a creer en el para siempre de tus labios, que es la misma que consiente a tus promesas y te acepta las excusas.
De los secretos, el que jamás confesaré es justo el mismo que sólo vos y yo sabemos y que nadie se imagina.
Del montón de mis errores sólo uno no estuvo equivocado, es el que me llevó a poner mi cuerpo, mi voluntad y mis delirios en tus manos. De mis creencias prefiero esa que te convierte en mi dios, y deposita toda mi fe en tus acciones y palabras. La que te agiganta y enaltece y te vuelve sobrehumano.
De todas las palabras, elijo dos, las más comunes, que se repiten en todas las voces, que se gastan y se usan hasta el cansancio. Pero me encanta sacarlas de mi boca y guardarlas en tu lengua, para que me las digas después. Porque mojadas en tu saliva, abiertas a tu voz, envueltas en tu fonética y revividas por tu aliento, adquieren cada vez un nuevo y mejor significado.

domingo, 3 de octubre de 2010

La muerte al desnudo


Quizás fue la sorpresa de lo inesperado. Quizás la juventud, la vitalidad y la alegría con la que la asociábamos. Lo cierto es que para muchos la muerte de Romina Yan fue tan inexplicable como injusta. Lo verdaderamente trágico queda para su familia y amigos. Para la inmensidad de esos lugares vacíos que deja.
A nosotros, los que estamos lejos, nos queda el sinsabor de la finitud a la que nos vimos obligados a enfrentarnos. Así, tan abruptamente sale a la luz la fragilidad de nuestra existencia. Somos quebrantables, tan vulnerables al destino que nos hace y deshace a su antojo.
La que escribe confiesa que alguna vez, en su infancia, se encontró frente a un espejo jugando a ser Romina, tratando de bailar así, y en alguna ocasión lo habrá logrado. Ya de más grande pensó, como tantas otras chicas, qué lindo sería ser ella. Porque para nuestros ojos, lo tenía todo. Sin embargo, acá estamos ahora. Frente a la realidad, sin tapujos ni mentiras. Porque nos mentimos. Siempre nos mentimos. Cuanto más adultos, más artilugios le buscamos a la vida, a la existencia, a la muerte. Un animal cualquiera, aún el más feroz y poderoso puede morir de repente y no necesitamos justificarlo. Es naturaleza. Pero cuando esto nos sucede a uno de nosotros no podemos entenderlo, necesitamos explicarlo. Algo más, algún secreto indescifrable y misterioso tiene que haber. Tenemos que crear o creer en una razón, porque de lo contrario seríamos naturaleza al desnudo, y eso no podemos admitirlo, aunque la verdad nos estalle en la cara.
Obviamente las explicaciones médicas no son suficientes para justificar esta muerte. Necesitamos más…
Pero para conformarnos nos olvidamos de a ratos, y así construimos nuestra felicidad. Y ese olvido es también el que nos permite enojarnos, insultar o maltratar a quienes más amamos. Porque rara vez tomamos conciencia de que un día cualquiera ese ser se convertirá en ausencia. Una ausencia irreversible en donde no habrá lugar para perdones ni olvidos.
Yo me inscribo a la lista de quienes creen en el destino. Seguimos un camino que no podemos alterar, hagamos lo que hagamos. Nuestra meta es descubrir cuál es ese destino y una vez hallada la respuesta dedicarnos a vivir lo mejor que sepamos hacerlo.
El destino de Romina ya está cumplido. Pero ni la muerte de ella, ni ninguna otra, debe ser en vano. Porque nadie debe irse de este mundo sin hacer ruido. Toda muerte debe ser estruendosa y deberá ser capaz de hacer derramar sobre la tierra alguna lágrima.
Por eso, que el choque brusco que nos dio la realidad ese gris martes 28 de septiembre no sea absurdo. No cambiemos de canal y empecemos de nuevo. Claro que todo seguirá su rumbo, porque ninguna muerte detiene al mundo. Pero empecemos a aceptar que todos estamos en las manos de algo más que no podemos comprender. Entonces habrá que tomar conciencia y saber vivir, incluso por los que ya no pueden hacerlo. No nos callemos nada. No guardemos los abrazos, ni los “te quiero”. Más bien reprimamos los enojos. Disfrutemos lo simple y cotidiano, porque aunque hay cosas que hacemos todos los días, sabemos que no serán para siempre. Y sobre todo vivamos como queramos vivir. En libertad y a pleno vuelo. Siendo lo que queremos ser, amando lo que queramos amar. Sin callarnos nada y de frente a nuestras convicciones. Porque de nuestro futuro no sabemos casi nada, y lo único que sabemos es también lo único que no podemos aceptar.
Por eso dediquémonos a vivir. Porque la muerte llega y con esa puta costumbre de ser, siempre, tan cruel.